domingo, 2 de enero de 2011

Epitafio

Desde hace muchos años
-ya ni recuerdo cuántos-,
Comencé la partida,
Vale decir el desarraigo,
Aunque correctamente
Debo decir zarpé.
- el mar es importante
para entender quién soy
si alguien quiere entenderme -

Todo estaba dispuesto una mañana.
No diré que habría bruma
Porque podría
Parecer metafísico,
Y en realidad es simple:
Al nacer la primavera
solté amarras,
soné mis tres sirenas
y me alejé del muelle
- vacío, despoblado –

No tuve a nadie atrás.
Me fui alejando
Sin manos ni pañuelos,
Sin sonrisas ni llantos.
Nadie me dijo adiós,
Nadie dejó caer
Ni una flor en mi estela.

Nadie forzó la vista
Para tratar de ver
Mi tristeza a lo lejos
Para poder después
Construirme nuevamente en el recuerdo.

Nadie me dijo adiós

Salí a la vida
Orzando hacia estribor
A toda vela.
Todos los vientos fueron
Favorables.
Pienso que no debiera
Describirte mi viaje.
Como todos los barcos
Navegué las tormentas,
Y tuve miedo a veces
Que la muerte
Atravesara el marco de mi puerta,
Y otras veces dormí,
 junto al mesana,
envuelto en luna llena,
o inquieto en noche oscura, sin un rumbo,
aferrado al timón, bebí mi angustia
esperando entre las nubes
una estrella.

En fin, en realidad,
Lo que imaginas.
Atravesé la Vida
Como si fuera el Mar,
Como si fuera
Un duelo desigual,
Un desafío,
Una lucha brutal
Y una quimera.

Mi experiencia es sencilla:
Sólo se hunde
El que se queda al pairo
En la tormenta
Por recoger el paño a toda prisa
Cuando el miedo es mayor que la entereza.

Una mañana vi
Una gaviota
Y creí reconocer
Señal de tierra.
El horizonte gris
fue recortando
una isla hacia estribor,
y la enfilé de proa
con toda mi esperanza puesta en ella.

Y aquí estoy, en la paz de una bahía,
Y una playa sembrada de palmeras
Pronto a desembarcar con mi equipaje
Para ya no partir de sus arenas.

La metáfora es simple: un navegante
Ha llegado, curtido por la pena,
Para dejarse hundir en tu regazo,
Y construir en ti sus alegrías
Y establecer en ti tu descendencia.

La metáfora es simple.
La respuesta
Tan sólo está en el fondo de tus venas.
Si dices sí, me quedo.
Si lo dudas,
Estoy ya en el timón,
Y si te niegas,
Mañana zarparé, proa al otoño,
Orzando hacia estribor a toda vela-
Me verás alejarme sin un llanto
Hacia las nubes grises, cenicientas,
Y no te diré adiós cuando me vaya
Ni pediré una flor sobre mi estela.

Pero al llegar al último horizonte
Perdido el gobernalle en la tormenta,
Mi postrer pensamiento será tuyo
Y tu nombre mi epitafio en esta tierra.

Setiembre/77
PD: La Isla se llamaba Liliana. Y en ella establecí mi descendencia.

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