Hace 3500
millones de años ( 3.500.000.000 de años), poco más o menos para los tiempos de
tamaño galáctico, las moléculas que
flotaban libremente en la “sopa primordial” que ocupaba algunos espacios de la Tierra (que parece ser el
sustrato de las transformaciones que condujeron hasta nuestra biología
presente), desarrollaron una capacidad que parece ser inimaginable para el
discurso científico actual: pensaron en una estrategia de supervivencia,
predominancia y dominación. Si ya no podemos dejar de maravillarnos acerca
de que muchos individuos del mundo actual piensen
(y no ya una estrategia, sino solamente
una acción inteligente como no contaminar las aguas o contribuir a disminuir el
calentamiento global), nos parecerá ilógico que se proponga que una
o aún peor unas moléculas se pongan a pensar
un plan para preponderar en el planeta.
Volvamos a
nuestra sopa primordial. Suponemos que aproximadamente en los tiempos arcaicos
a que hacemos referencia había agua en estado líquido en el planeta. Si alguno
se pregunta de donde, la mejor explicación que tiene la ciencia es la de que el
agua había llegado en forma de hielo en un bombardeo de cometas que se
estrellaron en la Tierra
(que curiosamente todavía no tenía tierra, sino solo rocas que estaban pasando
del estado fluído al estado sólido para formar la corteza terrestre). O sea que
el agua es extraterrestre, nos llovió del cielo, y mejor que la cuidemos,
porque si se nos acaba tendremos que esperar por otra lluvia de cometas para
sostener la poca vida que quedaría en nuestra Tierra si se acabara.
Bien, estábamos
en una Tierra sin tierra y un poco de agua prestada por los cometas de hielo y
en ese ¿Mar? primitivo teníamos una sopa de moléculas que habían pasado de lo
inorgánico a lo orgánico, de las sales a las moléculas de carbono. No se había
inventado la noción de peligro ni de enemigo, ya que las moléculas no tenían
ninguna disputa de territorialidad, de alimentos o preponderancia entre ellas,
sencillamente porque no se había creado la vida tal como la conocemos actualmente.
Todas las nociones que devienen en sentido de peligro, amenaza,
territorialidad, perduración, preponderancia, amigo, enemigo, bueno, malo, etc.,
aún no tenían sentido, y proceden de una decisión tomada por un grupo de
moléculas: juntarse entre ellas en asociación cooperativa, para crear un
elemento que no existía hasta ese momento: un Individuo capaz de
separarse del medio que las rodeaba e interactuar de manera coordinada para
lograr los objetivos que hemos enunciado. Y para eso necesitaban de un elemento
fundamental: una pared de aislamiento y protección que permitiera la entrada de
los elementos “amigos” y constituyera un impedimento de penetración para los no deseados: los enemigos. Ninguna palabra
estaba creada pero comenzamos a crear los conceptos fundamentales de la
convivencia. Por empezar, esa pared de protección que el Individuo necesitaba
para identificarse como tal y separarse del medio: la membrana celular.
La separación
del individuo
permitió que lo que existiera dentro del mismo fuera amigable o útil y los
deshechos de su metabolismo fueran desagradables o perniciosos, por lo que
debían expulsarse del mismo. Y que los elementos externos fueran aprovechables
o deseables para ser introducidos, o peligrosos y/o rechazables por ser
factibles de producir daño a la estructura recién formada (o Creada
?).
A esta altura
del razonamiento, debemos ser conscientes de que estamos hablando de
voluntades, decisiones, arquitectura, construcción de órganos, ingeniería de
partículas y conocimiento del bien y del mal: todo esto percibido y
desarrollado por partículas infinitesimales imposibles de ver más que con el
microscopio electrónico, y que de golpe y porrazo devienen en inteligentes.
No puede haber
otra explicación para la formación del primer Individuo; no podemos especular en que semejante cambio estructural y
racional pueda ser casual. Una molécula puede formarse en forma casual por la
interacción de una descarga eléctrica, un rayo u otra circunstancia fortuita,
pero una estructura compleja, tan compleja como la membrana celular, de la que
sólo desde hace muy poco tiempo ha podido establecerse y conocerse la
complejidad de sus funciones y su estructura, no puede ser obra del azar.
Llegados hasta
acá, debemos seguir considerando que a no ser un proceso orquestado, dirigido y
coordinado ( por algo, por alguien…?), esta célula individuo flotaba única en
el mar primordial propuesto previamente.
¿O hubo una voluntad
conjunta “universal” y se formaron simultáneamente decenas, cientos, miles,
etc. de células?. En cualquiera de los
casos la posibilidad de la aparición de uno o múltiples individuos en forma
espontánea merece una reflexión de inicio: o las moléculas pudieron crear la
estructura, lo que implicaría un pensamiento complejo de las moléculas, o algo,
alguien, otro u otros pudieron hacer algo ya planeado para la creación de
individuos complejos.
En cualquiera
de los dos casos, estaban implícitos en la creación los pasos sucesivos que
conducirían a la multiplicación de la especie y su difusión, la posibilidad de
la formación de otras especies, la herencia de los caracteres distintivos de
los padres a los hijos, la conservación de la especie y la preponderancia sobre
las eventuales otras especies, la coordinación y cooperación entre ellas, la
simbiosis, y la lucha por la vida.
No se puede
pensar en un desarrollo tan extraordinario y tan complejo partiendo del
supuesto del azar. De alguna manera un elemento inteligente intervino para
lanzar este desarrollo que condujo hasta nosotros, suponiendo que nosotros
seamos el fin último del este desarrollo, lo que en realidad dudo profundamente.
Siempre tuve la
impresión de que somos la consecuencia de algún tipo de experimento lanzado por
alguna mentalidad superior a la nuestra en una dimensión inimaginable para
nosotros, algo así como un experimento de laboratorio a escala cósmica que no
entendemos porque somos el objeto de estudio.
A continuación
un esquema ultramicroscópico de la membrana celular, con su doble capa de
lípidos y glicoproteínas y un esquema de
la célula en su conjunto tal como puede reconstruirse por las observaciones al
microscopio electrónico.
Como se puede
observar, estructuras que parecen lejos de la suposición de la formación por
simple azar. Así que debemos aceptar o
que las moléculas pueden desarrollar planeamientos inteligentes o que hay una
intervención externa inteligente.
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/4/40/Detalle_de_la_membrana_celular.svg
La única otra
opción que puede quedar para explicar el desarrollo expuesto para la formación
del Individuo es casi esotérica: que el primer individuo haya llegado ya
formado y preservado por el frío casi absoluto del espacio intergaláctico en un
cometa o un meteorito que lo transportara, y que haya encontrado en ese “mar”
primitivo las condiciones físico químicas aptas para su desarrollo y expansión.
Es decir que
las opciones que nos quedan para explicar este casi inconcebible fenómeno del
comienzo de la vida son:
1)
Las
moléculas piensan. Y no solamente piensan en presente, sino en futuro. Pueden
planificar, intuir, planear, tener estrategias para la preservación y
perduración de la especie, etc. Toda esta información está incluida en las
moléculas específicas para asegurar la descendencia ( ADN, ARN ) y la
perduración e inclusive la dominación sobre el resto de las especies, lo que también incluye el necesario conocimiento
de la existencia de otras moléculas y otros individuos de especies diferentes;
2)
Una
inteligencia de alcance ininteligible para nosotros en el momento actual,
produjo la primera célula, interactuando sobre las moléculas, y desarrollando a
través de ellas las características que condujeron a la formación del primer
individuo, y a todo su desarrollo posterior, con todas las implicancias
expuestas anteriormente. Esto conlleva a admitir que existen inteligencias mas
allá de toda comprensión humana y que o nos crearon y nos abandonaron a nuestro
propio albedrío, o están observando los resultados de su propio experimento,
sabrá ¿Dios? con que fines.
3)
Alguna
de estas dos causas creó o desarrollo individuos fuera de nuestro planeta
millones de años antes que en la
Tierra, y transplantó el producto terminado hacia nosotros de
alguna manera, ya sea en forma casual o dirigida, para que se desarrollara
aquí. De esta forma, deberíamos admitir una inteligencia actuando desde fuera
del planeta para obtener un resultado que aún no hemos llegado a comprender.
Este pensamiento recurrente me ha desvelado desde hace décadas. Y creo que he completado una especie de trilogía que redunda las dos entradas anteriores. Yo me siento un poco mas tranquilo. Espero que ustedes no.
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