lunes, 31 de enero de 2011

Uno se pregunta a veces

Uno se pregunta a veces si es válido ponerse a escribir sobre cosas que se vivían a diario como si fueran las más simples del mundo, y que hoy vistas desde este presente que nos resulta tan difícil comprender, parecen tan ingenuas y tan poco relevantes, que da vergüenza por ahí ponerlas en blanco y negro.
Uno también se pregunta: ¿a quién le puede importar? ¿Para que me voy a poner a escribir sobre cosas que a pesar de que están presentes y no se han borrado, no van a servir de ejemplo ni de cosa de respeto, sino solamente de motivo para una sonrisita de burla y porqué no, de descalificación?
Porque uno también a veces se pregunta si todo esto que vivíamos como tan natural era mejor que lo que tenemos ahora.
Aunque uno sabe que, en el fondo de la cosa, aquello era realmente lo correcto.
A ver: yo vivía en Flores Sur, en un barrio de laburantes sin grupo, porque vivir sin trabajar no se conocía. No había subsidios al desempleo, y el que no laburaba era mal, pero muy mal visto. Ya de por sí el que no laburaba era apartado, menospreciado. Y no lo digo por aquel que se había quedado sin laburo y buscaba otro. Lo digo del que no había laburado nunca que se supiera. Porque no había berretines respecto al laburo. El trabajo era trabajo, y se hacía el que uno conseguía. Y si no gustaba, se hacía mientras se trataba de encontrar otro mejor. Y si no se encontraba otro mejor, y la guita no alcanzaba para parar la olla y mandar los pibes al colegio, abrigaditos en invierno y bolsita de alcanfor al cuello incluída, se buscaba un segundo laburo, aunque hubiera que dormir menos. En todos los niveles de la vida. Había que honrar el trabajo, porque el trabajo dignifica. Yo tuve la suerte de poder estudiar porque me bancó mi viejo que era dibujante y  que se iba a trabajar al mediodía al centro y volvía a las 9 de la noche, comía y seguía laburando en casa. Yo me dormía con la única lucecita que iluminaba la penumbra de la casa mientras mi viejo dibujaba en el dormitorio en una mesita y mi vieja yo dormíamos, y muchas veces me despertaba con mi viejo dibujando ya con luz de día. Y nunca jamás se quejó de nada ni de nadie por su sacrificio que mantenía a su familia con dignidad. Y encima te bajaba línea para que no te fueras a confundir. Un día me dijo: “es mejor ir por la calle en bicicleta saludando a todo el mundo que ir en Mercedes Benz con los vidrios oscuros para que nadie te  pueda reconocer porque sino te putean”. El sabía la diferencia entre trabajar y chorear. Y no me digan que hoy la saben todos, porque sino no estaríamos como estamos y el polarizado de los vidrios de los autos posiblemente no sería negocio.
Y siempre con la risa a flor del alma y la voluntad de ayudar a flor del corazón. Nadie vino nunca a mi casa a buscar ayuda y se fue con las manos vacías y con el estómago con hambre. Y cuando digo nunca me refiero a mi casa de soltero y a mi casa de casado, que yo aprendí muy bien lo que me habían enseñado y mi mujer lo traía
Incorporado desde su infancia igual que yo por otra familia igual a la mía, a la tuya, a la de todos. Otra familia de laburantes.
Por eso mientras hoy veo por televisión a una cantidad de gente que corta el Puente Pueyrredón para que no se pueda pasar y de allí para que les den bola y les asignen planes de ayuda porque no tienen trabajo (y los planes de ayuda se los morfan los políticos, sindicalistas, punteros, acomodados, corruptos, vendidos, traidores, etc),  y tienen que ir a exponerse con mujeres y niños y bebés , ellos que si hubieran nacido en mi época se hubieran conseguido un trabajo y luego un segundo trabajo si no les alcanzaba con el primero, para que todos esos purretes hubieran ido dignamente al colegio con la panza llena y las vacunas al día, y no puedo menos que preguntarme si realmente valió la pena todos estos años de “progreso” y de democracia vacía de contenidos y llena de ladrones que se burlaron de mí, de mi viejo, de vos, de todos nosotros que sin una queja y con la risa y la solidaridad a flor de piel, laburamos  mientras podemos y seguimos andando en bicicleta por la vida, sin vidrios polarizados.
No bajemos los brazos. Sigamos peleando por algo mejor.

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